
Cómo lograr ese acabado espejo sin perder el brillo Tratar de eliminar los disolventes de los recubrimientos de las llantas sin dañar su brillo metálico es todo un reto. Si se calienta demasiado la superficie o se deja así durante demasiado tiempo, se produce una “curado excesivo”. El resultado? Un acabado opaco y plano que parece barato. Para solucionarlo, utilizamos lámparas de infrarrojos de onda corta. En lugar de simplemente calentar el aire, estas lámparas actúan directamente sobre las moléculas de disolvente, obligándolas a evaporarse rápidamente. Por qué funciona esto Las lámparas de infrarrojos de onda corta logran penetrar en el recubrimiento. Hacen que las moléculas de disolvente vibren y así se evaporen más rápido. Esto evita el problema de que la capa superior se seque primero, dejando el disolvente húmedo debajo. De lo contrario, aparecen puntos negros y esa textura similar a la cáscara de naranja. Al atacar específicamente los disolventes, no es necesario sumergir la llanta en calor. De esta manera, los fragmentos metálicos permanecen en su posición correcta, lo que permite obtener ese brillo profundo y espejeante. Eficiencia y potencia Nadie quiere desperdiciar dinero calentando aire innecesariamente. Por eso utilizamos una alta densidad de potencia en un espacio reducido. Estas lámparas alcanzan su temperatura de funcionamiento en cuestión de segundos. Lo llamamos “calentamiento por zonas”. Se aplica calor solo cuando la llanta está debajo de la lámpara. Es sencillo y permite ahorrar mucha energía. Desventajas No todo es magia. Las lámparas de infrarrojos de alta intensidad consumen mucha energía. Si se utilizan lámparas de 2 kW o más, los cables y contactores deben ser lo suficientemente resistentes para soportar esa carga. Además, hay que tener cuidado con el tiempo de exposición. Estas lámparas generan calor intenso y localizado. Si la cinta transportadora se detiene o ralentiza por un segundo, se dañará el recubrimiento. La velocidad de la cinta y el tiempo de exposición de la lámpara deben estar perfectamente sincronizados. Para facilitarlo, recomendamos utilizar un pirómetro para controlar la temperatura de la superficie de la llanta. De esta manera, se logra un acabado perfecto, utilizando la mínima cantidad posible de electricidad.